Otro que se despide. El estadounidense James Blake anunció que,
tras este Abierto de los Estados Unidos se retira del tenis profesional.
Quien fuera Top 4 y que hoy tiene 33 años, comunicó su decisión en
una conferencia de prensa en el complejo de Flushing Meadows este lunes, día
del comienzo del último torneo de Grand Slam del año.
"Este es mi último torneo. Hice lo mejor que pude. A pesar de
las lágrimas, estoy muy contento con hacerlo a mi manera", confirmó.
"No hay planes inmediatos. Trabajar en mi juego de golf, cambiar unos
pañales", asintió en uno de los primeros momentos emotivos que vive el
torneo.
Cabe recordar que Blake tuvo actuaciones de mucho lujo y explosión
aquí y llegó a cuartos de final de Grand Slam tres veces, dos de ellos en el US
Open, perdiendo en ese momento ante Andre Agassi en 2005 y Roger Federer en
2006.
El estadounidense, que estudió en la Universidad de Harvard antes
de convertirse profesional en 1999, alcanzó el número 4 del ranking en 2006. En
su carrera, sumó 10 títulos y alcanzó otras 14 finales, incluyendo el Masters
de fin de año en aquel 2006.
A
fuerza de Challengers, volvió al Top 100 (hoy está número 100º del mundo
exactamente) y tiene un récord de 9-13 esta temporada en ATP de cara a su
partido de primera ronda contra Ivo Karlovic en el Abierto de su país.
El anuncio de Blake se produce un año después de que su amigo y ex
compañero de Copa Davis, Andy Roddick, se retirara, dejando huellas en el tenis
de su país y quedando la actualidad del tenis masculino, prácticamente, en
manos de John Isner.
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A los 33 años, ubicado 100º del ranking, Nº 4 en el 2006, cuando
fue finalista del Masters (le ganó la semi a David Nalbandian), se retira con
diez títulos y coprotagonista de un partidazo que recordaremos siempre, aunque
haya perdido con oportunidades claras a favor:
Un partido demasiado dramático entre estos dos, al final la experiencia pudo mas que la fuerza... pero que partidaso nos ofrecieron estos dos.
Blake
tenía ese estilo: palo y a la bolsa. Uno de los mejores drives del circuito,
movimiento corto y flashazo. El revés, si podía, lo pegaba de sobrepique,
aunque fuera polvo de ladrillo. Nunca quería retroceder, porque la defensa no
era su fuerte. Por eso, gozaba de esa ventaja de los pegadores extremos: no
tenía que pensar demasiado en la estrategia, que si me juegan alto al revés, si
lo traigo a la red, si le corto el ritmo… Lo suyo era pim-pam-pum, como este
derechazo con festejo de boxeador.
El PALO que pega para terminar el partido Wow...
Uno
de los tenistas más queridos por sus colegas, Blake tuvo el componente
dramático que condimenta la carrera del tenista -y que, en mayor o menor
medida, todos podemos atravesar en la vida-. En su caso, una seguidilla de accidentes en una cancha de tenis, durante
el torneo de Roma (golpe duro en el cuello), parálisis facial por una infección
y pérdida de su padre por un cáncer.
“Por eso estoy contento de irme en mis
términos. Podría haberme retirado dos veces en 2004. Estuve a milímetros de romperme
el cuello y quedar paralizado por el resto de mi vida”, recuerda el
estadounidense.
La
situación lo motivó a escribir un libro: Breaking Back.




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